domingo, 18 de septiembre de 2011

El beso de una paloma

Sus cabellos ondulados eran –ahora– del color del sol.
Sus ojos, de un celeste líquido, brillaron, casi bailando al compás de mis latidos.
Coronándolos, sus cejas auguraban un futuro aún incierto, si bien esperado.
Su pequeña nariz se frunció un poco, acompañando sus labios seductores que dibujaban una sonrisa espléndida a la luz de la lámpara. En respuesta, pero simultáneamente, sus pómulos se colorearon levemente, casi con pena por lo que estaría pasando por aquella mente tan particular como lo era la suya.
¡Ah! Esas sonrisas son las que acompañan la expectativa. Ella tiene una forma algo distinta de expresar alegría.
Sus perfectas orejas se movieron, casi imperceptiblemente.
Vi cómo su alma se me iba acercando. La vi a través de las ventanas de claro azul. Sus labios tuvieron que abandonar todo intento de sonrisa, y su rostro mutó progresivamente. Me negó la vista de su espíritu por unos segundos, mas por suerte pareció cambiar de opinión a último momento. Con mi mirada fija en sus ojos, sentí sus labios tocar los míos. Ella ni yo cerramos los ojos.
Una parte de mí estaba eufórico. Quería gritar a los cuatro vientos “¡Me besó!, ¡ELLA ME BESÓ!”. Otra, por el contrario, me preguntaba si todo esto era real, o un sueño. Odio darle la razón a esta parte, pero dado que sea sueño o realidad, la experiencia es la misma… y dado que yo creo firmemente en eso… (Vale aclarar aquí que se trató de una fantasía, la más bella que cualquier hombre haya imaginado jamás.)
Otra aún, diferente con las otras dos, simplemente quería que eso no acabara nunca.
Entre el escepticismo, la alegría de conseguir lo que esperaba hacía cuatro años o más, y la paz interior más similar al nirvana que jamás experimenté, me debatí en una cuestión: ¿ella me quería? ¿O sólo era que ella se había forjado una mala impresión de mí, y que quería a esa impresión más que a mí?
La duda me carcomía. Cuando se separó, con sus mejillas al rojo vivo y sus ojos vidriosos a punto de llorar (¿tan mal beso?), la miré extrañado… ¿cómo carajo surgió esto? ¿No se suponía que ella jamás me querría en ese modo? O al menos esas eran sus palabras. Hacía un año y algo más que ella era consciente de mi sentimiento más superficial por ella. Supongo que intuyó el resto (dado que nunca fui muy capaz de ser discreto). Tuve que preguntarle:
— Palo… ¿realmente me querés? ¿O lo hiciste por lástima, por el momento?
Ella presentó turbación en su cara. Pero es que… es que yo antes le había estado hablando de que era un fracasado y con razón, que ninguna mujer jamás querría salir de “esa” manera conmigo, y otras cosas de gente que se cree la víctima de sí misma. Y ella escuchaba, y ponía cara de tristeza. Jamás me imaginé que iría a reaccionar así… claro que lo deseaba, pero como una fantasía [dentro de una fantasía, ¿no?], no como realidad. Y después… el beso. El mejor beso que nunca le han dado a un desesperado como yo. El mejor beso jamás imaginado, soñado, o recibido por alguien, en lo que a mí concierne… ¿ese beso podría ser obra de la “culpa”?
— Callate, no cagués el momento— dijo, sonriente nuevamente. Se acostó al lado mío, con su cabeza apoyada en mi regazo.
Le acaricié, lenta y suavemente (o todo lo lenta y suavemente que pude).
Le amaba. Lo quisiera o no, le amaba. ¿Podría ser otra confusión, otra obsesión? Me turbaba pensar en ello. Quise comentarlo.
— ¿Vos sabés que cuando te conocí, en el Parque de la Costa, que estábamos con Julián y Matías, yo creía estar enamorado de una chica llamada Amira? Creo que te conté de ella— asintió con su hermosa cabeza —. Bien, además de eso, yo creía que vos eras la nueva enamorada de Julián, así que no me animé ni siquiera a pensar en vos como una chica linda. Yo te veía como… bueno, te quería ver como una amiga. Aunque, internamente, era otra cosa. Las siguientes dos semanas estaba un poco calmado con respecto a Amira. Nunca supe por qué… aunque ahora lo intuyo. Va, suponiendo que no lo esté imaginando para soportar el hecho de que siento que te amo…
Me miró con cara divertida.
— ¿“Siento que te amo”? Che, eso no es muy distinto al “creo que te amo”. Y eso ya era bastante patético, jaja…
— Sí, sí. Pero… “siento” es siempre la palabra justa, sobre todo ahora. Yo no tengo dudas de que ahora siento amor por vos. Como mucho, tengo dudas de si ese amor es auténtico o es fruto del beso que me acabás de dar.
— Callate, Martín. Por favor, callate.
Su figura (diablos, ¡recién ahora me acordaba del resto de su cuerpo! Eso no coincidía con la imagen de “pajero” que yo tenía de mí mismo) esbelta y, a mis ojos, perfecta, se contorneó para adaptarse a mi cuerpo. Por algún motivo, mi pene no reaccionaba como yo lo esperaba. Yo siempre pensé: cuando me den un beso, no sé cómo voy a hacer para disfrazar mi erección. Pero no tuve una. Y, por todos los dioses, que Paloma lo valía… y no es que no me sintiera excitado… pero…
No sé. Será porque no quise arruinar esa bella fantasía con una escena de sexo. Tengo que escribirlo, pensé.
Y bien. Ahora estoy acá, luego de componer los primero párrafos (a modo de verso, en un principio), sentado frente a mi notebook, deseando con toda la fuerza de la que soy capaz que eso se convierta en realidad… pero sé que nunca pasará. Ahora el tema es: ¿qué tan cierto es eso de que la experiencia es la misma, sea sueño o realidad? Sé que esa frase se creó para quitarle importancia a la eterna pregunta de qué es o no es real, que muchos extrapolaron, generando teorías de que todo es un sueño, un sueño sin soñador, o cuyo soñador es Dios, o bueno, cualquier otra cosa.
Pero: ¿se aplicaba también a este caso? Realmente, ¿importaba o no? ¿La besé realmente a Paloma? Suponiendo que tome dicha frase como válida, incluso en este caso en particular, ¿me ayuda en algo a mejorarme? No. ¿Me ayuda de alguna otra manera? Y… todo depende del sistema de referencia, pero, en síntesis, no.
Así que no vale la pena preguntarme más por esto. Fue una simple fantasía, una muy bella, y que me pareció digna de ser escrita.
Por otro lado, continúa, aunque sólo para un párrafo final.
Recién veía su figura, su hermoso cuerpo, cubriendo tan bello espíritu, tanta belleza dentro de tanta belleza… Y tanta sensualidad… Qué suerte que tenía. Es decir… Paloma… ella… ella me había besado… ¿qué más da si muero después de eso? ¿Para qué querría vivir, si eso es todo lo que deseo?

2 comentarios:

  1. "No sé. Será porque no quise arruinar esa bella fantasía con una escena de sexo. Tengo que escribirlo, pensé."

    jajaja No se por qué tengo la sensación que de manera más o menos directa ya expresaste eso en todos tus textos :P

    ResponderEliminar

Toma una cervesa, fatigado guerrero, y suélta la lengua en nombre de Odín y las Musas, y habla acerca de la batalla descipta arriba.