Mostrando las entradas con la etiqueta Perspectivas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Perspectivas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de febrero de 2016

Equilibrio

Estamos condenados a imaginar.

Nunca conocemos realmente al otro. Lo que conocemos es una idea que tenemos de él, impresiones, sentimientos que nos inspira, palabras con las que lo explicamos. La única prueba que tenemos de la realidad del otro o de la nuestra propia incluso es que se siente real, que tiene que ser real, porque si no, ¿qué es real?

Y es imposible que nada que conozcamos nazca de otra cosa que nuestra imaginación. Uno puede pensar que el teclado está ahí y los dedos aprietan teclas y todo, pero al final son mis sentidos los que me dicen que eso pasa así, y mis recuerdos los que me permiten confirmar que así pasó. Todo es real porque en nuestra mente se asume como real.

Y si todo pasa en nuestra mente, e incluso nuestra mente puede ser una ficción, entonces es fácil pensar que estamos condenados a imaginar. Toda realidad es imaginada.

Y entonces viene la elección: ¿qué ficción es la que elegís como la verdad, como lo real? ¿La de tus sueños, la de tus ensueños, la de tu vigilia? ¿La que duele, huele, se ve y se piensa más consistente? ¿Cuál es el criterio según el que juzgamos su consistencia?

Así que, les cuento, yo elegí la realidad que se consensa real: aquella en la que existen animales, plantas, átomos, el hombre fue a la luna, Estados Unidos es la potencia mundial más escalofriante del momento, hay guerras y matanzas conviviendo con movimientos de paz, y el televisor e internet nos dejan informarnos de aquello que no podemos percibir con nuestros propios sentidos. Un mundo que me precede y me sobrevivirá, un mundo que me excede tanto que soy menos que una infinitésima parte de él, pero importo porque, justamente, soy parte de él.

La elegí porque tenía que elegir una. Nunca me planteé por qué la quería elegir, simplemente me dejé llevar. En vez de tomar una decisión estratégica, hice un salto de fe. Y ahora estoy demasiado metido como para entender qué tengo que hacer para tomar esa decisión de nuevo y pensarla más.

Mi perspectiva, entonces, es antropocéntrica, intenta ser racional en última instancia pero se conforma con meros rumores y (otras) ficciones para entender la dinámica de la realidad que elegí, y aún me queda decidir qué concepción de "sujeto" voy a adoptar. Por el momento me contenté con una individualista, en la que el otro es importante porque es "otro como yo", no porque sea parte de lo mismo que yo soy parte, pero eso puede cambiar, y creo que está cambiando.

Y entonces vuelvo a preguntarme qué carajos puede ser eso que pienso "sujeto". ¿Qué lo constituye? ¿Cómo el sujeto adopta una identidad? ¿Qué lo motiva a tomar decisiones, a actuar? Cuando actúa, ¿adopta un papel o se convierte en un papel? ¿Cuál de las alternativas es más deseable, y por qué?

Y recuerdo una conclusión a la que llegué hace ya un tiempo: lo que nos mueve son dos impulsos, la curiosidad y el miedo. No me gusta no poder reducirlo más que a estas dos ideas: la de buscar entender, apropiarse de lo externo, aún saliendo de la zona de confort, y la que busca evitar los cambios, conservar un estado de cosas que ya es cómodo. Podemos llamar a estas cosas "voluntad de poder" y "esperanza", por ejemplo, si queremos pedirle prestadas sus ideas a Nietzsche, y tergiversarlas un tanto.

Pero también recuerdo una charla que tuve con una amiga (una de las pocas charlas realmente interesantes que tuve con ella) acerca de qué hay por debajo, por detrás, o por donde sea de estos dos conceptos, y llegué a la idea del equilibrio.

El sujeto, entonces, busca el equilibrio. Los estímulos (externos o internos) quiebran el equilibrio, y ante ese quiebre el sujeto busca resarsirlo. Para ello tiene dos metodologías, que ahora sí vendrían a ser la curiosidad y el miedo. El miedo busca volver al equilibrio anterior, y la curiosidad busca construir un nuevo equilibrio aprehendiendo la causa del estímulo para internalizarla, para hacerla parte de su identidad y que no pueda romper dicho equilibrio en el futuro.

En otras palabras, está el camino del aprendizaje, el camino del héroe, y por otro lado el camino de la negación, el camino del antihéroe.

El aprendizaje forma nuestro entendimiento del mundo (que, dados los presupuestos que esbocé al principio, es otra forma de decir que forma el mundo directamente) y permite encontrar cada vez equilibrios más estables, más fuertes, más calmos. Es un movimiento cualitativo, que crea nuevos rituales, nuevos valores, nuevos criterios, nuevos entendimientos, nuevos vínculos. No por ser nuevos son buenos o malos, pero si son malos es cuestión de aprender de los errores y volver a movernos cualitativamente hasta llegar a un equilibrio que sí sea bueno.

La negación (curioso que justo elegí una palabra de género masculino como positiva y otra de género femenino como negativa, ¿es culpa del idioma que uso o de mis propias concepciones corruptas desde mi propio entender?), por su parte, busca deshacer el desequilibrio negándolo, como si negarlo lo hiciera desaparecer, hiciera que nunca hubiera ocurrido. Repite rituales y formas que le recuerdan su identidad anterior, aquella equilibrada, aquella que ahora está rota y sigue un camino circular, o más bien, espiralado, de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera, no importa. No importa la dirección porque en cualquier caso sigue en el mismo plano de repeticiones, que consolidan cada vez más el estado penoso de desequilibrio como natural, y así deforman la conciencia para que crea este estado como deseable, cómodo, positivo, o diciendo y reiterando "las cosas simplemente son como son". Eventualmente, estas contradicciones generan "daño cerebral", por llamarlo de alguna manera, y la respuesta a eso suele ser agresiva, tanática, tanto para con uno mismo como para con aquello que se piensa o identifica como "otredad".

Y eso que el psicoanálisis reduciría ese último párrafo a "tuviste un trauma de chico relacionado con tu sexualidad, superalo y vas a vivir mejor". O, en palabras de un cínico amigo mío: "la tenés chiquita o la querés adentro, y por eso sos tan forro".

Supongo también que podría haber un camino que no estoy viendo, que no sea ni curiosidad ni miedo, que no sea aprender ni negar. Si ustedes lo ven, lo piensan, lo conocen, haganmelo saber, :).

martes, 4 de diciembre de 2012

Sistema Filosófico (II): respuesta

En el siguiente link: http://www.lavondyss.net/paginas/regiones-miticas/la-improbabilidad-de-dios se dicen muchas cosas, a lo cual yo respondí:


Das por sentadas muchas cosas. Por ejemplo, el ADN.
¿Lo viste alguna vez? Ah. ¿Cómo sabés de él? ¿Te lo contaron? Ahá, sí.
¿Estás seguro de que funciona así?
Mirá, ya Hume lo dijo: que siempre que haya P resulte Q no significa que si tengo Q haya habido P. Podría ser que Q se haya dado por R.
Eh incluso eso es de dudar. Eso es una construcción lógica del pensamiento humano, y ya hemos demostrado que nos equivocamos, cada vez que tocamos algo caliente aún sabiendo que nos vamos a quemar. Si nos podemos equivocar en eso, la misma lógica nos dice que podemos equivocarnos cuando usamos la lógica.
Es como el concepto de la relatividad. Si todo es relativo, también es relativa la afirmación de que todo es relativo (porque forma parte del todo), por lo que es posible que haya algo que no sea relativo y por lo tanto falsearía la aseveración “todo es relativo”. Es decir, tal afirmación es una paradoja. Y es una paradoja lógica. Y no hay forma de salvarla si no nos vamos de la lógica. Según la lógica, la lógica no es confiable, :P.
Y así con todo. No hay nada de lo cual no podamos dudar. Descartes ha dudado de casi todo, pero ha supuesto que si él está dudando, nada puede hacerle dudar de que duda. Si duda, es porque hay algo que duda, y aventura que ese algo que duda es él, y por lo tanto, él existe. Pienso, luego existo.
Ahora, en realidad sí es posible dudar de que uno está dudando. Simplemente afirmamos que “dudar” es un concepto humano, no una noción inherente al universo, y ya. Cualquier cosa conceptualizable puede ser falsa, incluso la falsedad misma como concepto, así que no es posible estar seguro de nada, ni siquiera de que uno no está seguro de nada.
Así, con esta reducción al absurdo, refuto todo posible argumento.
Ah, sí cierto, me olvidaba: si es el sueño o la vigilia no importa, porque la experiencia es la misma.
Es decir, Descartes dudaba de sus percepciones, pero ¿para qué dudar? Eso no me lleva a nada. Arbitrariamente, yo prefiero quedarme con algo, tener una seguridad (por más irracional que sea) en algo.
Y en base a eso, creo en los conceptos. Conceptos como “herramientas para tomar decisiones”, no como “verdades universales inherentes y reales”.
Y así puedo vivir mi vida muy positivamente.
Mi filosofía es la filosofía de las decisiones y los conceptos. Es una filosofía lingüística. (Adoro las diéresis, ^^.)
A partir del lenguaje que uso, que es en cierto modo una forma de pensar, percibir, ordenar y clasificar el mundo (y, por lo tanto, de re-crearlo en mi mente), creo en la filosofía del juego. Hay que jugar con la realidad, porque jugar es enfrentarte a un desafío con sus propias reglas y consecuencias pre-establecidas, enfrentarse a eso con entusiasmo. Es un salto cualitativo, parafraseando a Kierkegaard. Pero que no deriva de la angustia, sino de la concepción lúdica.
Y recuerden que el juego lúdico por antonomasia es la lucha. Y otro pilar importante en mi filosofía es la lucha. Si no luchás por algo, no estás viviendo. Sólo en la lucha, sólo en el juego, sólo en la decisión y acción, sólo en el pensar, en el hablar y escuchar, se vive.
Y esto es casi una entrada de un blog, así que la voy a poenr en mi blog, :).

miércoles, 31 de octubre de 2012

Sistema Filosófico

Se dice que ya no puede haber un sistema filosófico.

Me propongo contradecir esto. No por el mero hecho de contradecirlo, sino porque vale la pena. Le encuentro una utilidad práctica enorme.

Ahora, veamos: mi principal postulado, mi Cero Absoluto, sería que no importa si algo es o no verdad, real, existente, o no. Realmente, todas esas cosas son meros conceptos, Artificios. Hay una entrada que habla de esto en detalle, no quiero re-repetir.

Voy a intentar hacer una lista de mis postulados:

0) Es importante aquello a lo que yo le de importancia. Sólo puedo darle importancia a los Artificios, porque si doy importancia a algo Natural, lo convierto en Artificio al interactuar con él. Todo Artificio es un concepto cuando menos.

1) Lo importante es el Lenguaje. El Lenguaje es, a propósitos de esos postulados, una herramienta conceptualizadora, una herramienta que me sirve para pensar, reflexionar, y todas o casi todas las actividades cognitivas.

2) Podemos decir que hay un Lenguaje Pro-activo, un Lenguaje Re-activo, y uno Retro-activo. El primero crea conceptos para ser cristalizados u olvidados; el segundo utiliza los conceptos cristalizados para, entre otras cosas, la comunicación, relacionando varios conceptos entre sí, ordenando, seleccionando, asociando  disociando; y el tercero demuele conceptos ya cristalizados, y olvida conceptos no cristalizados. *Ninguno funciona sin los otros funcionando.*

3) Entiendo por concepto no sólo al "significado" de una palabra, sino también a la forma en la que se ordenan a la hora de comunicarse (estructuras sintagmáticas, por ejemplo). Concepto, tentativamente, podría definirse como "estructura dinámica de "ideas/pensamiento" que facilita la toma de decisiones". Si se cristaliza, pierde su atributo dinámico, aunque aún así puede ayudar a tomar decisiones.
Sólo puede un concepto ayudar a tomar decisiones si se supone una "capacidad de discriminar" (en cierto modo, contemplada dentro del Lenguaje Reactivo) en nuestra mente. Sólo tomamos decisiones cuando debemos elegir, y eso implica que distinguimos entre dos o más opciones. Si las distinguimos, las estamos discriminando. Para mejor discriminar, las conceptualizamos y las ponemos en relación con otros conceptos. Esta es, a groso modo, mi teoría del funcionamiento de la mente.

5) Si algo me es útil de alguna manera, es importante. Sólo puedo saber si algo es útil o no gracias a los tres tipos de Lenguaje, sea o no consciente de su actuación.
Por ejemplo, el instinto de supervivencia actúa inconscientemente muchas veces, y no es más que el Lenguaje Reactivo actuando junto con el Retroactivo. Pareciera que el Lenguaje Proactivo no funciona aquí, pero eso no es del todo cierto; calculamos distancias, calculamos un esfuerzo estimado a utilizar, calculamos posibilidades... todos procesos de conceptualización, aunque efímeros, no cristalizados y sí olvidados a la brevedad (nótese la relatividad de la palabra "brevedad").

6) Si yo tomo una decisión, estoy haciendo una acción voluntariosa. De tal manera, afirmo que tengo al menos una Voluntad.
La Voluntad sería una fuerza motora pro, re, y retroactiva, similar al Lenguaje en ese aspecto. Si el Lenguaje es el criterio, la Voluntad es la realización del criterio. No confundir con "deseo", que es otra categoría.

7) No necesito ni utilizar el Lenguaje ni realizarlo si no Deseo un resultado de eso. Si Deseo un resultado, todo lo que me sirva para que ese resultado se dé me es útil, y asimismo lo es el mismo resultado. Por lo tanto, pasa a ser importante para mí. Por lo tanto, lo conceptualizo. Por lo tanto, lo convierto en Lenguaje (que es criterio y también es repertorio de conceptos). Por lo tanto, lo importante es el Lenguaje.

Creo que estoy. Igual, seguro que en los años venideros reviso mil veces esto.

Sobre todo porque aún no cirstalicé muchos de estos conceptos, :P.

sábado, 9 de junio de 2012

La mejor definición introductoria [hasta el momento] de un Juego de Rol que leí.


[A Role-Playing Game] is a game of communication. Where in other games you might move your pieces on a board, or play cards onto the table, in this game one player describes the board, and you describe your pieces, where they are, and how they move.
You use your imagination, but that’s not where it stays. You have to communicate what you imagine to the other players, so that they can include it in what they imagine. The result of all this imagining and communicating is a lively conversation, a fun free-for-all about what the imaginary characters in the game do, where they go, and what challenges they overcome.

Storming the Wizard’s Tower, Vincent D. Baker.

lunes, 3 de octubre de 2011

Texto sin título - reflexión copada

Autor: desconocido.
Traductor: Jeremías.

Fue un accidente automovilístico. Nada particularmente fuera de lo común, sin embargo, fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. La muerte fue sin dolor. Los paramédicos hicieron su mejor esfuerzo a la hora de salvarte, pero sin éxito. Tu cuerpo estaba tan terriblemente deteriorado que estabas mejor así. Creeme.
Y ahí fue cuando me conociste.
—¿Qué… qué pasó? —me preguntaste —. ¿Dónde estoy?
—Falleciste —dije, directo al grano. No había necesidad de endulzar la cosa.
—Había un… un camión y el auto derrapó…
—Si —dije yo.
—¿Estoy… estoy muerto?
—Exacto. Pero no te sientas mal al respecto. Todos el mundo se muere tarde o temprano —respondí.
Miraste alrededor. Estábamos en la nada, sólo vos y yo.
—¿Qué es este lugar? — me preguntaste —. ¿Esto es el más allá?
—Más o menos.
—¿Eso te convierte en… Dios? — seguiste.
—Si —repliqué —. Soy Dios.
—Mis hijos… mi esposa —dijiste —. ¿Qué pasó con ellos? ¿Van a estar bien?
—Eso es lo que me gusta ver —te sonreí —. Acabás de morirte y tu principal preocupación es tu familia. Eso de recién es algo excelente.
Me miraste con fascinación. Para vos, yo no me veía como Dios. Me veía como un tipo cualquiera. Alguna vaga figura de autoridad, más un estilo de profesor de secundario severo que el todopoderoso.
—No te preocupes—te dije —. Van a estar bien. Tus hijos se van a acordar de vos como un padre genial en todos los aspectos. No tuvieron tiempo para desarrollar resentimiento contra vos. Tu esposa va a verse afligida y va a llorar tu muerte, pero en secreto va a estar aliviada. Si somos realistas, tu matrimonio se estaba cayendo a pedazos. Si te es de algún consuelo, va a sentirse muy culpable por ello.
—Ah… —parecías decepcionado —. ¿Y qué hacemos ahora? Voy al cielo, al infierno… ¿algo?
—No vas a ningún lado —te aclaré —. Vas a reencarnar.
—Así que los hindúes tenían razón —señalaste.
—Todas las religiones tienen razón a su manera. Caminemos un rato.
Me seguiste mientras empezamos a pasear por la nada.
—¿A dónde vamos?
—A ningún lugar en particular —respondí —. Sólo es agradable caminar mientras charlamos.
—Entonces… ¿cuál es el punto? —preguntaste algo incómodo —. Cuando vuelva a nacer, va a ser como empezar de nuevo de cero, ¿no? Un bebé. O sea que todas mis experiencias y mis recuerdos de esta vida ya no van a existir.
—¡Para nada! Tenés adentro tuyo todo el conocimiento y experiencias de tus vidas pasadas. Sólo que ahora no te acordás.
Paré de caminar y te agarré de los hombros.
—Tu alma es más magnífica, hermosa y enorme de lo que podrías llegar a imaginarte. La mente humana sólo puede contener una pequeña fracción de lo que sos. Es como meter tu dedo en un vaso de agua para ver si está fría o caliente. Sólo una pequeña parte de tu verdadero ser entra dentro del cuerpo, y cuando la sacás, ganaste todas las experiencias de esa vida.
Continué explicando: —Si permaneciéramos acá, empezarías a acordarte de todo. Pero no tiene sentido hacer eso entre cada vida.
—¿Cuántas veces reencarné entonces? —me preguntaste asombrado.
—Muchas. Un montón de hecho —dije —. Esta vez, cuando vuelvas, vas a ser un campesino chino en el 540 A.C.
—¡¿Eh?! ¿Me vas a mandar hacia atrás en el tiempo? —exclamaste.
—Bueno, podría decirse. El tiempo como lo conocés, sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde vengo.
—¿De dónde venís? —repetiste.
—¡Claro! —comencé a explicar —. ¡Debo venir de algún lado! Y también hay otros como yo. Me imagino que querrás saber cómo es allá, pero realmente, no lo entenderías.
—Oh… —murmuraste algo decepcionado —. Pero pará. Si reencarno en otras épocas, ¿podría haber interactuado conmigo mismo en algún momento?
—Por supuesto. Pasa todo el tiempo. Y las dos vidas continúan su existencia sin saber que ocurrió.
—¿Y por qué ocurre de esta manera?
—¿De verdad? —te pregunté —¿En serio vas a preguntarme el sentido de la vida? ¿No te parece un poco estereotipado?
—Bueno… es una pregunta razonable —insististe.
Te miré directo a los ojos.
—El sentido de la vida, la razón por la que hice este entero universo es para que madures.
—¿Te referís a toda la humanidad?
—No, sólo a vos. Hice este universo para vos. Con cada nueva vida crecés y madurás, y te convertís en una criatura más grande y con mayor comprensión.
—¿Sólo yo? ¿Y el resto de la gente?
—No hay nadie más —te dije —. En este universo estamos sólo vos y yo.
Me miraste sin entender.
—Pero toda la gente del mundo…
—Sólo vos. Todas reencarnaciones de vos.
—Pará. ¡¿Soy cada persona que vivió en el mundo?!
—Exacto. Vas comprendiendo —dije, mientras apoyaba la mano en tu espalda.
—Soy cada humano que existió.
—Y cada humano que va a existir —añadí.
—¿Soy John Lennon?
—Y también sos David Chapman —respondí.
—¿Soy Hitler?
—Y los millones que mató.
—¿Soy Jesús?
—Y sos todos los que lo siguieron.
Hiciste silencio, mirando al vacío.
—Cada vez que heriste a alguien, te heriste a vos mismo. Cada acto de amabilidad o cariño que hiciste, te lo hiciste a vos mismo. Cada momento feliz o triste experimentado alguna vez por cualquier humano, fue experimentado por vos.
—¿Por qué? —me preguntaste con cierta indignación —. ¿Por qué hacer todo esto?
—Porque en algún momento vas a ser como yo. Porque eso es lo que sos. Uno de mi especie. Sos mi hijo.
—¿Estás tratando de decirme que soy Dios? —preguntaste incrédulo.
—No. Todavía no. Sos un feto. Estás creciendo. Una vez que vivas todas las vidas de cada ser humano a través del tiempo, vas a haber crecido lo suficiente para nacer.
—Así que el universo… —empezaste.
—Es un útero —completé tu frase —. Ahora es tiempo de que continúes con tu siguiente vida.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El beso de una paloma

Sus cabellos ondulados eran –ahora– del color del sol.
Sus ojos, de un celeste líquido, brillaron, casi bailando al compás de mis latidos.
Coronándolos, sus cejas auguraban un futuro aún incierto, si bien esperado.
Su pequeña nariz se frunció un poco, acompañando sus labios seductores que dibujaban una sonrisa espléndida a la luz de la lámpara. En respuesta, pero simultáneamente, sus pómulos se colorearon levemente, casi con pena por lo que estaría pasando por aquella mente tan particular como lo era la suya.
¡Ah! Esas sonrisas son las que acompañan la expectativa. Ella tiene una forma algo distinta de expresar alegría.
Sus perfectas orejas se movieron, casi imperceptiblemente.
Vi cómo su alma se me iba acercando. La vi a través de las ventanas de claro azul. Sus labios tuvieron que abandonar todo intento de sonrisa, y su rostro mutó progresivamente. Me negó la vista de su espíritu por unos segundos, mas por suerte pareció cambiar de opinión a último momento. Con mi mirada fija en sus ojos, sentí sus labios tocar los míos. Ella ni yo cerramos los ojos.
Una parte de mí estaba eufórico. Quería gritar a los cuatro vientos “¡Me besó!, ¡ELLA ME BESÓ!”. Otra, por el contrario, me preguntaba si todo esto era real, o un sueño. Odio darle la razón a esta parte, pero dado que sea sueño o realidad, la experiencia es la misma… y dado que yo creo firmemente en eso… (Vale aclarar aquí que se trató de una fantasía, la más bella que cualquier hombre haya imaginado jamás.)
Otra aún, diferente con las otras dos, simplemente quería que eso no acabara nunca.
Entre el escepticismo, la alegría de conseguir lo que esperaba hacía cuatro años o más, y la paz interior más similar al nirvana que jamás experimenté, me debatí en una cuestión: ¿ella me quería? ¿O sólo era que ella se había forjado una mala impresión de mí, y que quería a esa impresión más que a mí?
La duda me carcomía. Cuando se separó, con sus mejillas al rojo vivo y sus ojos vidriosos a punto de llorar (¿tan mal beso?), la miré extrañado… ¿cómo carajo surgió esto? ¿No se suponía que ella jamás me querría en ese modo? O al menos esas eran sus palabras. Hacía un año y algo más que ella era consciente de mi sentimiento más superficial por ella. Supongo que intuyó el resto (dado que nunca fui muy capaz de ser discreto). Tuve que preguntarle:
— Palo… ¿realmente me querés? ¿O lo hiciste por lástima, por el momento?
Ella presentó turbación en su cara. Pero es que… es que yo antes le había estado hablando de que era un fracasado y con razón, que ninguna mujer jamás querría salir de “esa” manera conmigo, y otras cosas de gente que se cree la víctima de sí misma. Y ella escuchaba, y ponía cara de tristeza. Jamás me imaginé que iría a reaccionar así… claro que lo deseaba, pero como una fantasía [dentro de una fantasía, ¿no?], no como realidad. Y después… el beso. El mejor beso que nunca le han dado a un desesperado como yo. El mejor beso jamás imaginado, soñado, o recibido por alguien, en lo que a mí concierne… ¿ese beso podría ser obra de la “culpa”?
— Callate, no cagués el momento— dijo, sonriente nuevamente. Se acostó al lado mío, con su cabeza apoyada en mi regazo.
Le acaricié, lenta y suavemente (o todo lo lenta y suavemente que pude).
Le amaba. Lo quisiera o no, le amaba. ¿Podría ser otra confusión, otra obsesión? Me turbaba pensar en ello. Quise comentarlo.
— ¿Vos sabés que cuando te conocí, en el Parque de la Costa, que estábamos con Julián y Matías, yo creía estar enamorado de una chica llamada Amira? Creo que te conté de ella— asintió con su hermosa cabeza —. Bien, además de eso, yo creía que vos eras la nueva enamorada de Julián, así que no me animé ni siquiera a pensar en vos como una chica linda. Yo te veía como… bueno, te quería ver como una amiga. Aunque, internamente, era otra cosa. Las siguientes dos semanas estaba un poco calmado con respecto a Amira. Nunca supe por qué… aunque ahora lo intuyo. Va, suponiendo que no lo esté imaginando para soportar el hecho de que siento que te amo…
Me miró con cara divertida.
— ¿“Siento que te amo”? Che, eso no es muy distinto al “creo que te amo”. Y eso ya era bastante patético, jaja…
— Sí, sí. Pero… “siento” es siempre la palabra justa, sobre todo ahora. Yo no tengo dudas de que ahora siento amor por vos. Como mucho, tengo dudas de si ese amor es auténtico o es fruto del beso que me acabás de dar.
— Callate, Martín. Por favor, callate.
Su figura (diablos, ¡recién ahora me acordaba del resto de su cuerpo! Eso no coincidía con la imagen de “pajero” que yo tenía de mí mismo) esbelta y, a mis ojos, perfecta, se contorneó para adaptarse a mi cuerpo. Por algún motivo, mi pene no reaccionaba como yo lo esperaba. Yo siempre pensé: cuando me den un beso, no sé cómo voy a hacer para disfrazar mi erección. Pero no tuve una. Y, por todos los dioses, que Paloma lo valía… y no es que no me sintiera excitado… pero…
No sé. Será porque no quise arruinar esa bella fantasía con una escena de sexo. Tengo que escribirlo, pensé.
Y bien. Ahora estoy acá, luego de componer los primero párrafos (a modo de verso, en un principio), sentado frente a mi notebook, deseando con toda la fuerza de la que soy capaz que eso se convierta en realidad… pero sé que nunca pasará. Ahora el tema es: ¿qué tan cierto es eso de que la experiencia es la misma, sea sueño o realidad? Sé que esa frase se creó para quitarle importancia a la eterna pregunta de qué es o no es real, que muchos extrapolaron, generando teorías de que todo es un sueño, un sueño sin soñador, o cuyo soñador es Dios, o bueno, cualquier otra cosa.
Pero: ¿se aplicaba también a este caso? Realmente, ¿importaba o no? ¿La besé realmente a Paloma? Suponiendo que tome dicha frase como válida, incluso en este caso en particular, ¿me ayuda en algo a mejorarme? No. ¿Me ayuda de alguna otra manera? Y… todo depende del sistema de referencia, pero, en síntesis, no.
Así que no vale la pena preguntarme más por esto. Fue una simple fantasía, una muy bella, y que me pareció digna de ser escrita.
Por otro lado, continúa, aunque sólo para un párrafo final.
Recién veía su figura, su hermoso cuerpo, cubriendo tan bello espíritu, tanta belleza dentro de tanta belleza… Y tanta sensualidad… Qué suerte que tenía. Es decir… Paloma… ella… ella me había besado… ¿qué más da si muero después de eso? ¿Para qué querría vivir, si eso es todo lo que deseo?

lunes, 1 de agosto de 2011

Mi alma en palabras de un piel roja llamado Seatle

Carta Abierta al Hombre Blanco
Este documento se escribió hace más de cien años, concretamente en 1855. Su autor es Seatle, jefe de la tribu de los Dwamish, que entonces ocupaban los territorios que hoy forman el estado norteamericano de Washington. Esta carta estaba dirigida al entonces presidente de los USA, Franklin Pierce, y era la respuesta a la oferta de su gobierno de adquirir las tierras de los Dwamish.
El gran caudillo de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El gran caudillo nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta cortesía, pues conocemos la poca necesidad que tiene de nuestra amistad. Queremos considerar la oferta, pues sabemos que, si no lo hacemos, pueden venir los hombres de piel blanca para quitarnos las tierras con armas de fuego. Que el gran caudillo de Whasington confie en la palabra del jefe Seatle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas, inmutables son mis palabras.
¿Cómo puede comprar o vender el cielo, o el calor de la tierra? Se nos hace extraña esta idea. No son nuestros la frescura del aire, ni la transparencia del agua. ¿Cómo podrían ser comprados? Lo decidiremos más tarde. Ha de saber que mi pueblo tiene por sagrado cada pedazo de esta tierra. La hoja brillante, la playa arenosa, la niebla en la oscuridad del bosque; el claro en mitad de la arboleda y el insecto zumbante, son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. La savia que sube por los árboles trae remenbranza del hombre de piel roja.
Los muertos del hombre de piel blanca olvidan su tierra cuando emprenden su viaje entre las estrellas. Nuestros muertos nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos un pedazo de esta tierra, estamos hechos con una parte de ella. La flor perfumada; el ciervo, el caballo, el águila majestuosa; todos son nuestros hermanos. Las rocas de las montañas, el jugo de la hierba fresca, el calor corporal del potro; todo pertenece a nuestra familia.
Por eso, cuando el gran caudillo de Washington nos dice que nos quiere comprar las tierras... es demasiado lo que nos pide. El gran caudillo quiere darnos un lugar para que vivamos todos juntos. Él nos hará de padre y nosotros seremos sus hijos. Hemos de meditar sus palabras. No es fácil, pues las tierras son sagradas. El agua que salpica de nuestros ríos y marismas no es solamente agua, es la sangre de nuestros antepasados. Si le vendiésemos estas tierras, habríais de recordar que son sagradas, y tendríais de enseñar a vuestros hijos que lo son y que los reflejos misteriosos de las aguas claras de los lagos narran los acontecimientos de la vida de mi pueblo. El rumor sordo del agua es la voz de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, porque nos liberan de la sed. Los ríos arrastran nuestras canoas y acunan a nuestros hijos. Si le vendiésemos las tierras, tendrían que recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son hermanos nuestros... y también suyos. Tendrían que tratar a los ríos con buen corazón.
Demasiado bien sabemos que el hombre de piel blanca no puede entender nuestra forma de ser. Tanto le hace un trozo de tierra que otro, porque como es un extraño que llega de noche a robar de la tierra lo que necesita. No ve a la tierra como una hermana, sino más bien como una enemiga. Cuando la ha hecho suya, la desprecia y sigue adelante. Deja tras él las sepulturas de sus padres y no parece lamentarlo. No lamenta despojar a la tierra de sus hijos. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a la madre tierra y al hermano cielo como si fuesen cosas que se compran y se venden; como si fuesen ganado o baratijas. Su hambre insaciable devorará la tierra, y tras él solamente dejará un desierto...
No lo puedo entender. Nosotros somos de una manera de ser muy diferente. Vuestras ciudades hieren los ojos del hombre piel roja. Quizá sea así porque el hombre de piel roja es salvaje y no puede comprender las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre de piel blanca; ningún lugar donde se pueda escuchar en Primavera el nacer de las hojas, o el frotar de las alas de un insecto. Quizá me lo parece así porque soy salvaje y no entiendo bien las cosas. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y me pregunto: ¿qué tipo de vida tiene el hombre cuando no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza, o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la charca? Soy hombre de piel roja y no puedo entenderlo. A los indios nos deleita el ligero rumor del viento acariciando la cara de la aurora, y su olor tras la lluvia del mediodía, que trae la fragancia de los abetos.
El hombre de piel roja es conocedor del valor inapreciable del aire, pues todas las cosas respiran su aliento: el animal, el árbol, el hombre. Pero parece que el hombre de piel blanca no siente el aire que respira. Igual que un hombre que lleva días agonizando y que es incapaz de sentir su fetidez. Igualmente si les vendiésemos las tierras, tendrían que tener en cuenta de qué manera amamos al aire, porque el aire es el espíritu que infunde la vida y todo lo comparte. Si les vendiésemos las tierras, tendrían que dejarlas en paz y mantenerlas sagradas, para que fuesen un lugar donde incluso el hombre de piel blanca pudiera saborear el viento endulzado por las flores de la pradera.
Queremos considerar vuestra oferta de comprarnos las tierras. Si decidiésemos aceptarla, tendré que ponerle una condición: que el hombre de piel blanca mire los animales de esta tierra como hermanos. Soy salvaje, pero me parece que ha de ser así. He visto búfalos a miles, pudriéndose abandonados, en las praderas, el hombre de piel blanca les disparaba desde el caballo de hierro sin detenerse. Yo soy salvaje y no entiendo por qué el caballo de hierro vale más que el búfalo, pues nosotros lo valoramos mucho. ¿Qué es del hombre sin los animales? Si todos los animales desapareciesen, el hombre tendría que morir con gran soledad en el corazón. Pues todo lo que les sucede a los animales, pronto le sucede también al hombre. Todas las cosas están ligadas entre sí.
Tendrían que enseñar a sus hijos que el suelo que pisan es la ceniza de sus abuelos. Respetarán la tierra si les dicen que está llena de la vida de vuestros antepasados. Hay que hacer que vuestros hijos sepan, igual que los nuestros, que la tierra es la madre de todos. Que de cualquier mal causado a la tierra sufren sus hijos. El hombre que escupe a la tierra, se está escupiendo a sí mismo.
Hay una cosa de la que estamos seguros: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida, pues el mismo no es sino un hilo de ella. Está buscando su desgracia si osa romper esa red. El sufrimiento de la tierra se convierte a la fuerza en el sufrimiento de sus hijos. De eso estamos seguros. Todas las cosas están ligadas como la sangre de una misma familia.
Incluso el hombre de piel blanca, que es amigo de Dios y se pasea con él y le habla, no podrá huir de nuestro destino común. Quizá sea verdad que somos hermanos. Ya veremos. Sabemos algo que quizá algún día descubráis vosotros: que nuestro Dios es el mismo que el vuestro. Se piensan que quizá tienen poder por encima de Él y entonces quieren tenerlo sobre todas las tierras, pero eso no puede ser. El Dios de todos los hombres se compadece tanto de los de piel blanca como roja. Esta tierra es muy preciada por su Creador, y estropearla sería una gran ofensa. Los hombres de piel blanca también sucumbirán y quizá antes que el resto de las tribus. Si ensucian su cama, cualquier noche morirán sofocados por sus propios excrementos. Pero verán la luz cuando llegue la última hora y entenderán que Dios los condujo a estas tierras y les permitió su dominio y la dominación del hombre de piel roja con algún propósito especial. Este destino es verdaderamente un misterio, porque no podemos comprender qué pasará cuando los caballos hayan perdido la libertad; cuando no quede ningún rincón en el bosque sin la pestilencia del hombre y cuando encima de las verdes colinas tropiece nuestra mirada, por todas partes, con la telaraña de los hilos de hierro que llevan su voz.
¿Dónde está el bosque espeso? Desapareció. ¿Donde está el águila? Desapareció... Así se acaba la vida y empieza la supervivencia...

Creo que no es la primera vez que leo esto; pero lo ví en la página web (ya vieja) de Ricard Ibañez, un tipo español que es autor de un juego de rol llamado Aquelarre, el juego de rol demoníaco-medieval, y otro llamado El juego de rol del Capitán Alatriste. No sé si escribió otros juegos de rol, pero sí se que escribió también algunas novelas, y a los españoles parece gustarle.
Lo importante acá es que este texto me conmueve, porque es una lectura a mi alma, es el espíritu que busco tener, y es la filosofía a la que aspiro a llegar; muchos dirían que ya no vale la pena; yo les respondo con un dicho ya gastado: soñar es gratis.
Y, sólo para mencionarlo: a veces, hasta los sueños más increíbles e inverosímiles se convierten en realidad.

Para cerrar, quiero decir que yo me siento muy mal cuando veo los edificios modernos, y aún peor cuando veo los edificios ya gastados y resquebrajados, mugrientos; una sensación de melancolía me posee, y mis ojos se ponen llorosos sin llegar a romper en lágrimas; en esos momentos, sólo desearía ser un poco menos terco, y poder llorar. Para que así, luego, pueda actuar, en vez de paralizarme con melancolía y ojos vidriosos. ¿Actuar? ¿Cómo? No sé. Pero pretendo averiguarlo, de alguna manera, en algún momento... pero antes, tengo que aprender a llorar. ¿Quién me enseña?