Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de agosto de 2017

El porqué de muchas cosas (II)

¿Qué es nuestro sistema de valores? Para responder eso: ¿qué es un sistema de valores? Para responder eso: ¿qué es un sistema? y ¿qué es un valor?

Vamos del final hacia el principio, en un giro Poe-ético:

Valor

No estoy hablando del valor que hace que un héroe se enfrente a su mayor miedo por una causa noble. Estoy hablando de lo que hace que consideremos a esa persona un héroe, de lo que hace que esa persona tenga ese miedo en específico, de lo que hace que juzguemos su causa como noble.

Un valor es en general una cualidad o idea que nos resulta importante. Pero eso es muy vago, muy escuálido, para mi propósito. Un valor nos mueve. Nos conmueve y nos remueve de formas que no podemos controlar in situ.

Un valor resuena tanto en nosotros que es padrino de cada decisión que tomamos, madrina de cada duda que tenemos.

Un valor, también, es algo que compartimos con otra gente.

Sistema

Un sistema es un conjunto de elementos que se relacionan entre sí de tal manera que el conjunto es más que la mera suma de sus elementos. Poné seis pequeños paneles cuadrados de madera uno al lado del otro. Numeralos del 1 al 6, con puntos o con números. Ahí tenés un conjunto de elementos que no conforman un sistema. Ahora, pegalos por los bordes de tal manera que formen un cubo. Lo que resulta es un dado de seis caras, que podés usar para generar azarosamente cualquier número entero entre 1 y 6, inclusive.

Eso, ese dado de seis caras de madera numeradas del 1 al 6, es un sistema.

Sistema de Valores

Un conjunto de valores que se relacionan entre sí de tal manera que el conjunto es más que la suma de esos valores.

¿Cómo es que un sistema de valores es más que la simple suma de esos valores?

1) El conjunto de valores, por el mero hecho de serlo, fundamenta nuestra psique (y todo lo que en ella acontece).

2) Por ello mismo, fundamenta nuestro comportamiento, que es en gran medida resultado de la interacción entre nuestra psique y el entorno.

3) Nuestro comportamiento tiene efectos en el entorno. Por mínimos que estos sean.

4) La percepción de esos efectos es interpretada en nuestra psique. Y volvemos al segundo paso.

Tal es el ciclo de retroalimentación que regula, por lo menos, nuestra psique.

Esto es más que la mera suma de varios valores, que sólo implicaría muchos movimientos diferentes, una constante lucha entre diferentes cursos de acción y cómo llevarlos a cabo. El mero hecho de que existan valores, sin más relación que el compartir su naturaleza, da lugar como mucho a una psique caótica. Pero si se relacionan en una estructura determinada, pasan a ordenar la psique, a ser su fundamento (1). Y de allí se desprende el ciclo (2-3-4). Y de allí deviene el equilibrio... y su ruptura.

Pero todavía no hemos llegado a un orden perfecto, y de ello las dudas, la vacilación.

Por suerte. Un orden perfecto no puede mejorar: está muerto. El dinamismo del caos es vital —en todo sentido de esa palabra.

No siempre los valores hacen sistema. Pero también es cierto que nunca hay un único sistema, y que el sistema, al ser una imposición de orden sobre un caos palpitante, tiene estructura interna, no necesariamente consistente.

Cuando hablé del equilibrio, pensaba en un equilibrio dinámico, que va cambiando a medida que se lo desafía. Puede que el desafío sea demasiado para él y termine roto, pero siempre se puede construir uno nuevo.

Hay preguntas aún: ¿por qué coexiste más de un sistema de valores como fundamento de la misma psique? ¿Qué implica que compartamos valores con otros? ¿Compartimos sistemas de valores también? ¿Se solapan, aunque sea parcialmente, nuestros propios sistemas de valores? ¿Existe acaso una cosa que sea un sistema de elementos cuyos elementos son en sí mismos sistemas de valores?

miércoles, 10 de febrero de 2016

Equilibrio

Estamos condenados a imaginar.

Nunca conocemos realmente al otro. Lo que conocemos es una idea que tenemos de él, impresiones, sentimientos que nos inspira, palabras con las que lo explicamos. La única prueba que tenemos de la realidad del otro o de la nuestra propia incluso es que se siente real, que tiene que ser real, porque si no, ¿qué es real?

Y es imposible que nada que conozcamos nazca de otra cosa que nuestra imaginación. Uno puede pensar que el teclado está ahí y los dedos aprietan teclas y todo, pero al final son mis sentidos los que me dicen que eso pasa así, y mis recuerdos los que me permiten confirmar que así pasó. Todo es real porque en nuestra mente se asume como real.

Y si todo pasa en nuestra mente, e incluso nuestra mente puede ser una ficción, entonces es fácil pensar que estamos condenados a imaginar. Toda realidad es imaginada.

Y entonces viene la elección: ¿qué ficción es la que elegís como la verdad, como lo real? ¿La de tus sueños, la de tus ensueños, la de tu vigilia? ¿La que duele, huele, se ve y se piensa más consistente? ¿Cuál es el criterio según el que juzgamos su consistencia?

Así que, les cuento, yo elegí la realidad que se consensa real: aquella en la que existen animales, plantas, átomos, el hombre fue a la luna, Estados Unidos es la potencia mundial más escalofriante del momento, hay guerras y matanzas conviviendo con movimientos de paz, y el televisor e internet nos dejan informarnos de aquello que no podemos percibir con nuestros propios sentidos. Un mundo que me precede y me sobrevivirá, un mundo que me excede tanto que soy menos que una infinitésima parte de él, pero importo porque, justamente, soy parte de él.

La elegí porque tenía que elegir una. Nunca me planteé por qué la quería elegir, simplemente me dejé llevar. En vez de tomar una decisión estratégica, hice un salto de fe. Y ahora estoy demasiado metido como para entender qué tengo que hacer para tomar esa decisión de nuevo y pensarla más.

Mi perspectiva, entonces, es antropocéntrica, intenta ser racional en última instancia pero se conforma con meros rumores y (otras) ficciones para entender la dinámica de la realidad que elegí, y aún me queda decidir qué concepción de "sujeto" voy a adoptar. Por el momento me contenté con una individualista, en la que el otro es importante porque es "otro como yo", no porque sea parte de lo mismo que yo soy parte, pero eso puede cambiar, y creo que está cambiando.

Y entonces vuelvo a preguntarme qué carajos puede ser eso que pienso "sujeto". ¿Qué lo constituye? ¿Cómo el sujeto adopta una identidad? ¿Qué lo motiva a tomar decisiones, a actuar? Cuando actúa, ¿adopta un papel o se convierte en un papel? ¿Cuál de las alternativas es más deseable, y por qué?

Y recuerdo una conclusión a la que llegué hace ya un tiempo: lo que nos mueve son dos impulsos, la curiosidad y el miedo. No me gusta no poder reducirlo más que a estas dos ideas: la de buscar entender, apropiarse de lo externo, aún saliendo de la zona de confort, y la que busca evitar los cambios, conservar un estado de cosas que ya es cómodo. Podemos llamar a estas cosas "voluntad de poder" y "esperanza", por ejemplo, si queremos pedirle prestadas sus ideas a Nietzsche, y tergiversarlas un tanto.

Pero también recuerdo una charla que tuve con una amiga (una de las pocas charlas realmente interesantes que tuve con ella) acerca de qué hay por debajo, por detrás, o por donde sea de estos dos conceptos, y llegué a la idea del equilibrio.

El sujeto, entonces, busca el equilibrio. Los estímulos (externos o internos) quiebran el equilibrio, y ante ese quiebre el sujeto busca resarsirlo. Para ello tiene dos metodologías, que ahora sí vendrían a ser la curiosidad y el miedo. El miedo busca volver al equilibrio anterior, y la curiosidad busca construir un nuevo equilibrio aprehendiendo la causa del estímulo para internalizarla, para hacerla parte de su identidad y que no pueda romper dicho equilibrio en el futuro.

En otras palabras, está el camino del aprendizaje, el camino del héroe, y por otro lado el camino de la negación, el camino del antihéroe.

El aprendizaje forma nuestro entendimiento del mundo (que, dados los presupuestos que esbocé al principio, es otra forma de decir que forma el mundo directamente) y permite encontrar cada vez equilibrios más estables, más fuertes, más calmos. Es un movimiento cualitativo, que crea nuevos rituales, nuevos valores, nuevos criterios, nuevos entendimientos, nuevos vínculos. No por ser nuevos son buenos o malos, pero si son malos es cuestión de aprender de los errores y volver a movernos cualitativamente hasta llegar a un equilibrio que sí sea bueno.

La negación (curioso que justo elegí una palabra de género masculino como positiva y otra de género femenino como negativa, ¿es culpa del idioma que uso o de mis propias concepciones corruptas desde mi propio entender?), por su parte, busca deshacer el desequilibrio negándolo, como si negarlo lo hiciera desaparecer, hiciera que nunca hubiera ocurrido. Repite rituales y formas que le recuerdan su identidad anterior, aquella equilibrada, aquella que ahora está rota y sigue un camino circular, o más bien, espiralado, de afuera hacia adentro o de adentro hacia afuera, no importa. No importa la dirección porque en cualquier caso sigue en el mismo plano de repeticiones, que consolidan cada vez más el estado penoso de desequilibrio como natural, y así deforman la conciencia para que crea este estado como deseable, cómodo, positivo, o diciendo y reiterando "las cosas simplemente son como son". Eventualmente, estas contradicciones generan "daño cerebral", por llamarlo de alguna manera, y la respuesta a eso suele ser agresiva, tanática, tanto para con uno mismo como para con aquello que se piensa o identifica como "otredad".

Y eso que el psicoanálisis reduciría ese último párrafo a "tuviste un trauma de chico relacionado con tu sexualidad, superalo y vas a vivir mejor". O, en palabras de un cínico amigo mío: "la tenés chiquita o la querés adentro, y por eso sos tan forro".

Supongo también que podría haber un camino que no estoy viendo, que no sea ni curiosidad ni miedo, que no sea aprender ni negar. Si ustedes lo ven, lo piensan, lo conocen, haganmelo saber, :).

domingo, 23 de febrero de 2014

Todo gran razonamiento es poético

La primera división realmente humana fue la de Acción y Reflexión.

La segunda volvió al principio y separó de nuevo: para entender las cosas se parte de lo General o de lo Particular (Borges dice que están los platónicos y los aristotélicos). "Hacer" es en consecuencia a entender, de lo contrario, únicamente se hallará fracaso.

Miles de discriminaciones más se han hecho, pero permítaseme detenerme aquí.

Antes de continuar, ¿por qué los títulos de las cosas, en general, nunca se escriben con punto, y siempre que se cita la cosa, o parte de ella, también su título?

Ahora sí: estamos listos.

Se ha de partir de lo General y de lo Particular a la vez; Actuar y Reflexionar a un tiempo.
Pues no existe una cosa sino por oposición a la otra.
(Borges diría, quizás, heracliteános.)

¿Qué es general y particular a la vez?
Una comparación, una metáfora.

¿Qué es actuar y también reflexionar?
Una poesía.
(Sí, indefinida.)

Y ¿qué es poesía? Poesía es crear, forjar, realizar (hacer real, de realidad y de realeza), templar.
La poesía es, esencial y subjetivamente, mitológica.

Un mejor hombre, presumo, es un mitopoeta.



Por cierto: por eso el título de la entrada es paradójico.

martes, 4 de diciembre de 2012

Sistema Filosófico (II): respuesta

En el siguiente link: http://www.lavondyss.net/paginas/regiones-miticas/la-improbabilidad-de-dios se dicen muchas cosas, a lo cual yo respondí:


Das por sentadas muchas cosas. Por ejemplo, el ADN.
¿Lo viste alguna vez? Ah. ¿Cómo sabés de él? ¿Te lo contaron? Ahá, sí.
¿Estás seguro de que funciona así?
Mirá, ya Hume lo dijo: que siempre que haya P resulte Q no significa que si tengo Q haya habido P. Podría ser que Q se haya dado por R.
Eh incluso eso es de dudar. Eso es una construcción lógica del pensamiento humano, y ya hemos demostrado que nos equivocamos, cada vez que tocamos algo caliente aún sabiendo que nos vamos a quemar. Si nos podemos equivocar en eso, la misma lógica nos dice que podemos equivocarnos cuando usamos la lógica.
Es como el concepto de la relatividad. Si todo es relativo, también es relativa la afirmación de que todo es relativo (porque forma parte del todo), por lo que es posible que haya algo que no sea relativo y por lo tanto falsearía la aseveración “todo es relativo”. Es decir, tal afirmación es una paradoja. Y es una paradoja lógica. Y no hay forma de salvarla si no nos vamos de la lógica. Según la lógica, la lógica no es confiable, :P.
Y así con todo. No hay nada de lo cual no podamos dudar. Descartes ha dudado de casi todo, pero ha supuesto que si él está dudando, nada puede hacerle dudar de que duda. Si duda, es porque hay algo que duda, y aventura que ese algo que duda es él, y por lo tanto, él existe. Pienso, luego existo.
Ahora, en realidad sí es posible dudar de que uno está dudando. Simplemente afirmamos que “dudar” es un concepto humano, no una noción inherente al universo, y ya. Cualquier cosa conceptualizable puede ser falsa, incluso la falsedad misma como concepto, así que no es posible estar seguro de nada, ni siquiera de que uno no está seguro de nada.
Así, con esta reducción al absurdo, refuto todo posible argumento.
Ah, sí cierto, me olvidaba: si es el sueño o la vigilia no importa, porque la experiencia es la misma.
Es decir, Descartes dudaba de sus percepciones, pero ¿para qué dudar? Eso no me lleva a nada. Arbitrariamente, yo prefiero quedarme con algo, tener una seguridad (por más irracional que sea) en algo.
Y en base a eso, creo en los conceptos. Conceptos como “herramientas para tomar decisiones”, no como “verdades universales inherentes y reales”.
Y así puedo vivir mi vida muy positivamente.
Mi filosofía es la filosofía de las decisiones y los conceptos. Es una filosofía lingüística. (Adoro las diéresis, ^^.)
A partir del lenguaje que uso, que es en cierto modo una forma de pensar, percibir, ordenar y clasificar el mundo (y, por lo tanto, de re-crearlo en mi mente), creo en la filosofía del juego. Hay que jugar con la realidad, porque jugar es enfrentarte a un desafío con sus propias reglas y consecuencias pre-establecidas, enfrentarse a eso con entusiasmo. Es un salto cualitativo, parafraseando a Kierkegaard. Pero que no deriva de la angustia, sino de la concepción lúdica.
Y recuerden que el juego lúdico por antonomasia es la lucha. Y otro pilar importante en mi filosofía es la lucha. Si no luchás por algo, no estás viviendo. Sólo en la lucha, sólo en el juego, sólo en la decisión y acción, sólo en el pensar, en el hablar y escuchar, se vive.
Y esto es casi una entrada de un blog, así que la voy a poenr en mi blog, :).

miércoles, 31 de octubre de 2012

Sistema Filosófico

Se dice que ya no puede haber un sistema filosófico.

Me propongo contradecir esto. No por el mero hecho de contradecirlo, sino porque vale la pena. Le encuentro una utilidad práctica enorme.

Ahora, veamos: mi principal postulado, mi Cero Absoluto, sería que no importa si algo es o no verdad, real, existente, o no. Realmente, todas esas cosas son meros conceptos, Artificios. Hay una entrada que habla de esto en detalle, no quiero re-repetir.

Voy a intentar hacer una lista de mis postulados:

0) Es importante aquello a lo que yo le de importancia. Sólo puedo darle importancia a los Artificios, porque si doy importancia a algo Natural, lo convierto en Artificio al interactuar con él. Todo Artificio es un concepto cuando menos.

1) Lo importante es el Lenguaje. El Lenguaje es, a propósitos de esos postulados, una herramienta conceptualizadora, una herramienta que me sirve para pensar, reflexionar, y todas o casi todas las actividades cognitivas.

2) Podemos decir que hay un Lenguaje Pro-activo, un Lenguaje Re-activo, y uno Retro-activo. El primero crea conceptos para ser cristalizados u olvidados; el segundo utiliza los conceptos cristalizados para, entre otras cosas, la comunicación, relacionando varios conceptos entre sí, ordenando, seleccionando, asociando  disociando; y el tercero demuele conceptos ya cristalizados, y olvida conceptos no cristalizados. *Ninguno funciona sin los otros funcionando.*

3) Entiendo por concepto no sólo al "significado" de una palabra, sino también a la forma en la que se ordenan a la hora de comunicarse (estructuras sintagmáticas, por ejemplo). Concepto, tentativamente, podría definirse como "estructura dinámica de "ideas/pensamiento" que facilita la toma de decisiones". Si se cristaliza, pierde su atributo dinámico, aunque aún así puede ayudar a tomar decisiones.
Sólo puede un concepto ayudar a tomar decisiones si se supone una "capacidad de discriminar" (en cierto modo, contemplada dentro del Lenguaje Reactivo) en nuestra mente. Sólo tomamos decisiones cuando debemos elegir, y eso implica que distinguimos entre dos o más opciones. Si las distinguimos, las estamos discriminando. Para mejor discriminar, las conceptualizamos y las ponemos en relación con otros conceptos. Esta es, a groso modo, mi teoría del funcionamiento de la mente.

5) Si algo me es útil de alguna manera, es importante. Sólo puedo saber si algo es útil o no gracias a los tres tipos de Lenguaje, sea o no consciente de su actuación.
Por ejemplo, el instinto de supervivencia actúa inconscientemente muchas veces, y no es más que el Lenguaje Reactivo actuando junto con el Retroactivo. Pareciera que el Lenguaje Proactivo no funciona aquí, pero eso no es del todo cierto; calculamos distancias, calculamos un esfuerzo estimado a utilizar, calculamos posibilidades... todos procesos de conceptualización, aunque efímeros, no cristalizados y sí olvidados a la brevedad (nótese la relatividad de la palabra "brevedad").

6) Si yo tomo una decisión, estoy haciendo una acción voluntariosa. De tal manera, afirmo que tengo al menos una Voluntad.
La Voluntad sería una fuerza motora pro, re, y retroactiva, similar al Lenguaje en ese aspecto. Si el Lenguaje es el criterio, la Voluntad es la realización del criterio. No confundir con "deseo", que es otra categoría.

7) No necesito ni utilizar el Lenguaje ni realizarlo si no Deseo un resultado de eso. Si Deseo un resultado, todo lo que me sirva para que ese resultado se dé me es útil, y asimismo lo es el mismo resultado. Por lo tanto, pasa a ser importante para mí. Por lo tanto, lo conceptualizo. Por lo tanto, lo convierto en Lenguaje (que es criterio y también es repertorio de conceptos). Por lo tanto, lo importante es el Lenguaje.

Creo que estoy. Igual, seguro que en los años venideros reviso mil veces esto.

Sobre todo porque aún no cirstalicé muchos de estos conceptos, :P.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las Reglas en los Juegos de Rol

Bien, ya que me encanta esto del rol, y ya que me siento tan molesto con algunos comentarios de lo que es o no es bueno en un juego de rol, voy a exponer mi perra opinión, que por supuesto, creo mejor que la del resto, pero en vista de que si digo eso me llamarán egomaníaco o alguna de sus derivaciones, o tal vez soberbio o altanero, digo que es mi "humilde opinión". Má' sí, si total nadie lee este puto blog. Para cuando alguien lo lea, ya voy a haber cambiado de parecer, seguramente; no es muy importante.

En fin, como dije, voy a hablar de las Reglas en los Juegos de Rol. Pero antes, ¿qué mierda son las Reglas en general?

Son sentencias, oraciones, enunciados, o como mierda quieras llamarlos [sí, en este texto voy a decir muchas veces "mierda", así que si no te gusta, no leas más, ;)] que exponen un discurso prescriptivo que sirve como molde para accionar de determinada manera en respuesta a determinada situación. Por ejemplo, si estoy en una clase, no debo hacer algo que haga que los otros que estén en la clase conmigo se distraigan, salvo que aporte a la clase. Ésto incluye, obviamente, al profesor. Debería prestarle atención, también, y tomar apuntes de lo que anote en el pizarrón y de lo que diga. Claro, cómo no. Todas esas son reglas. Son oraciones. Dicen algo que en cierto sentido "moldea" mi actuar en determinadas circunstancias. Dichas circunstancias pueden estar explícitas o no.

Bien, ahora a relacionarlo con los juegos de rol. En los juegos de rol, los participantes imaginan un espacio ficticio (que puede corresponderse en varios puntos con el "real" o no) en el que ciertos personajes que allí se desenvuelven son controlados por ellos. A ver, en castellano: 5 tipos imaginan que 5 personas están en la Tierra Media. Cada uno de los 5 tipos controla, normalmente, e una de las 5 personas que están en la Tierra Media. Dado que esas personas son ficticias, para no crear una confusión con la "realidad", se las suele llamar "personajes". ¿Como los de las novelas, comics, series de televisión, y otros tipos de relatos en diversos formatos? Sí, exactamente. Así que ya podemos avanzar un poco más: los juegos de rol suelen girar en torno a estos personajes, tratando de delimitar las historias de las que éstos forman parte. Sí, claro, hay personajes secundarios, enemigos, y el espacio imaginado que comparten los jugadores (incluyendo al que muchos manuales llaman "master") suele presentar ciertas situaciones que ponen en aprietos a los personajes. Oh, si, ciertamente, si no hay conflicto, los personajes no harían nada, y este maravilloso y vicioso pasatiempo no sería tan entretenido y edificante en el mejor sentido de la palabra.

Si no hay conflicto, no hay historia. SI no hay historia, no hay juego.

Así que podemos ya decir que todo juego de rol tiene Participantes, Personajes, un Espacio Imaginado Compartido donde se desenvuelven los personajes, Conflictos que son los responsables de tal desenvolvimiento, y, bueno, Color: detalles con relativa importancia, que dan cierto "sabor" y/o "color" a la historia, que no son en absoluto necesarios para la resolución de la historia, pero sí para los jugadores que quieren saber con lujo de detalles cómo se desenvuelve la misma.

¿Me falta algo? Ah sí, cierto, el título de la entrada... las Reglas.

Cuando un Conflicto sucede en la ficción, en el Espacio Imaginado Compartido (que a partir de ahora es "ficción" porque no me da escribir todo eso cada vez que lo tenga que decir), debe resolverse dramáticamente. Y debe hacer que la historia se mueva, o al menos, eso sería deseable, ¿no? Pero siempre está quién quiere que su personaje (el personaje que él controla) sea un superdotado en todo... siempre alguien quiere ser el mejor. Y entonces, "te pegué un tiro", "no, mentira, lo esquivé", "¡hey, dijimos que íbamos a ser humanos normales! ¡Los humanos no pueden esquivar balas!", "Ah, ¿no? Entonces te pego un tiro, y te moriste". Pero nadie quiere morir. Diablos, qué niños. Y llegaron caídos del cielo los dados.
¿Que para qué sirven? Bueno, ya que no te diste cuenta solito... los dados sirven para resolver la situación esa de "te maté", "no, yo te maté a vos", que derivaría en una discusión sin fundamentos fuertes y que ni es divertida ni lleva a nada. Oh, pero sí que es divertido tirar los dados. La verdad, tirar un dado te hace sentir poderoso, las primeras veces. Hacer malabares con los mismos, con los poliedros platónicos (y el dado de 10 caras, que no es platónico) es genial. Sobre todo si hace que tu personaje sea genial.

Número, números, y más números. Sumas, restas, operaciones algebraicas que harían que Einstein saliera corriendo de pavor... todo eso incluído.

Y cómo interpretar los resultados de los dados en la ficción. ¿Cuándo tirarlos? ¿Qué pasa una vez tengo el resultado total? ¿Cómo lo narro? ¿Pero no se veía afectada la tirada porque tengo ésta super-habilidad/dote/virtud/beneficio/mérito/poder/etcétera? ¿Eso cómo afecta la cosa?

Diablos, muchas cosas a tener en cuenta. Las Reglas, normalmente, vienen en manuales. También las hay implícitas, como por ejemplo, no prender la tele cuando estamos jugando, o no desnudarse, o no romperle la hoja de personaje en la cara al de enfrente, etcétera. Sí, parecen obviedades, no Reglas, pero te lo juro, son Reglas, con Molde y todo en el paquete. Dice lo que se puede hacer, lo que no, y cómo se puede hacer, y cómo no, y... bueno, moldea tu accionar.

¿Qué pasa si se te atraviezan un par de orcos? ¿Que los vas a atacar? ¿Seguro? ¿Dos contra uno? Están armados hasta los dientes. Tienen armaduras también. Y de todas formas, se estaban por quedar sin comida, así que un humano para la cena, con algunas armas extra y comida de viaje seguramente, no vendrá de más. Sí, de todas formas, te van a atacar. Bueno, tirá los dados. Si sacás lo que te conviene sacar, joya: los vencés. Cómo, lo vemos luego; o mientras estás tirando, si querés hacerlo acción por acción.

Sí, todo eso son Reglas. Cuándo tirar, qué modifica la tirada, cómo se obtiene un resultado favorable, qué significa el mismo; ¿todo eso hay que tener en cuenta? ¿Y eso es divertido?

Para gustos, colores, dicen.

Y sí: a algunos les parece divertido. A otros no. A mí no. Bueno, un poco sí, he de admitirlo; pero en general no se tiene que ver todo esto por separado. La mayoría de los jugadores ya tienen la rutina de cuándo tirar asimilada. Algunos hasta tiran para saber si cagaste bien o te infectaste porque el inodoro estaba sucio. (La segunda persona de la oración anterior se refería a tu personaje, no a vos. No hagas la gran Sheldon, de The Big Bang Theory. Y como voy a seguir usando el "vos" para referirme a tu personaje, tenelo en mente...)

Así que Reglas es eso.

Y los Manuales de Reglas de los juegos... bueno, yo pienso que son eso, manuales de reglas. Pero muchos piensan que lo que yo llamo manuales de reglas son, efectivamente, Juegos de Rol. Oh, dioses, todo el mundo piensa eso, hasta yo. Y es que un vendedor no te dice "no, ésto no es un juego, ésto es sólo un manual para jugar un juego". La mayoría de la gente no entiende sino. El Monopoly es la cajita con el tablero y los billetitos, no el acto de sentarse a jugar. Y yo les pregunto, cuando hablamos de la escoba del quince, o el truco, o la generala... ¿un mazo de cartas es para jugar a truco, otro para la generala? ¿Un juego de 5 dados de seis caras es para jugar la generala, y si querés jugar a otra cosa, tenés que usar otro?

Bueno, Martín, todo muy lindo lo que decís, pero la gente no entiende eso. No quiere que lo que ellos están acostumbrados a llamar juegos sea en reslidad "juguetes".

Además, "Juguete de Rol" suena muy, muy mal.

¿Y por qué no hay mesa que jueguen igual, si varias comparten el mismo manual de reglas? Porque cada mesa tiene sus reglas de la casa, cada mesa tiene su propia interpretación de algunas reglas, cada mesa tiene que adaptarlas a los gustos de sus participantes, etcétera. O sea, cada mesa está jugando a un juego distinto.

Acá un breve lapsus: ¿saben por qué me gusta tanto Burning Wheel? Porque en el manual de reglas dice "Burning Wheel nace y muere en la mesa de juego". No existe ningún juego si no se está jugando. Esa tiene que ser la principal regla de los juegos de rol, la más importante, la que amolde el comportamiento de todos los jugadores de rol del mundo.

Fin del lapsus.

En fin, Reglas, hay muchas, y de varios tipos. La próxima vez que hable de ellas y los juegos de rol, seguramente haga relación a cómo itnerpretar los conflictos sociales. ¿Una puta tirada y ya? ¿Mecánicas específicas para resolverlos? ¿Roleo libre? ¿Mezcla de los tres? Veremos qué conviene más a cada mesa, o más bien, cada lector verá cuál se complementa mejor con su juego.
Que si bien cada juguete tiene su propia forma de hacerlo, a veces no pegan con la mesa, pero todo lo demás sí, :).

Y bueno... por último, recién leí que el "sistema" de juego, nombre que se le da a un conjunto de Reglas explícitas, de manual, normalmente entre la comunidad de jugadores (y diseñadores) de rol, decía, que el "sistema de juego" es sólo una "herramienta". Pero claro, esto salta a la vista como mentira. Salvo que tengas en cuenta que el tipo veía la palabra "juego" como yo veo la palabra "juguete". El sistema de juego no es una herramienta para jugar... es el juego en sí, flaco. El conjunto de reglas de un manual de reglas... bueno, sí, eso sí que son sólo herramientas. Pero, mierda, son herramientas muy, muy útiles, ;).

viernes, 25 de noviembre de 2011

Del miedo Artificial a perder el tiempo

“Realidad” es un concepto que no será tratado aquí. “Real” tampoco.
Aquí se tratarán los conceptos de Natural y Artificial. Empecemos por el segundo:
Es Artificial todo lo que ha pasado por la humanidad.
Es decir, todo lo percibido, todo lo moldeado, todo lo pensado, todo lo creado, todo lo que se pueda conceptualizar. Todos los conceptos.
Lo Natural es aquello que no es Artificial.
Por lo tanto, lo Natural es inconceptualizable, y a la vez no lo es, porque si lo clasifico de inconceptualizable estoy, justamente, clasificándolo, conceptualizándolo. De hecho, el mero hecho de llamarlo “Natural” está mal, pues le estoy dando un nombre, le estoy dando un concepto.
Sí, así como se deduce, lo Natural no se puede conocer ni pensar ni moldear ni nada. No se puede hacer nada con lo natural. Es absolutamente opuesto a la humanidad, pero sin ser opuesto, porque si fuera opuesto, sería algo, sería un concepto.
Lo Natural es aquello que no es humano.
Y así puedo dar muchas definiciones de Natural.
Pero hay algo que debo admitir: lo Natural tiene una denominación Artificial en tanto lo concibo como tal, es decir, en tanto es lo Natural y no lo natural. Es decir, Artificializo lo Natural al llamarlo de esa manera, al definirlo como lo hice, y al tratar de explicarlo. Y eso no está mal. Porque yo sólo puedo Artificializar lo Natural.
Lo voy a decir con otras palabras, que no son correctas, pero sirven mejor: lo natural es el árbol, ese tronco que está ahí y crece y blablablá. En tanto yo lo veo, lo estoy percibiendo, en tanto lo toco, lo estoy percibiendo, y percibir no es más que interpretar un estímulo, por lo tanto, lo estoy haciendo Artificial. El árbol en sí no deja de ser natural, pero al percibirlo, al llamarlo Árbol, le estoy agregando una dimensión más, la dimensión Artificial.
Es decir, lo Natural existe, coexiste, con lo Artificial.
Yo no sé si hay algo que modifique mi percepción. Tal vez el estímulo se vio interrumpido, tal vez malinterpreté dicho estímulo, tal vez el estímulo que me llegó no es el mismo que fue originado desde lo natural. Ni siquiera puedo saber si algo está en el medio, porque al pensarlo, ya estoy Artificializando el proceso.
De hecho, no puedo saber si lo Natural existe en primera instancia. Perdón, ¿existir? ¿Qué es eso, sino un Artificio? Sí, sí, lo sé, estoy dudando de todo, como Descartes.
Pero, de hecho, hasta estoy dudando de que esté dudando. Es decir, el dudar es de por sí un Artificio, no sé si “existe”, no sé si el dudar es “Natural”. Sólo sé que es Artificial. Que es humano.
Ahí está el quid de la cuestión. ¿Qué demonios importa si algo “existe” o no? ¿Qué demonios importa si esto es un sueño o la realidad? En palabras de un sabio albino ficcional, “la experiencia es la misma”.
Si es un sueño, si es ilusión… yo nunca me voy a enterar. ¿Por qué? Porque cuando “despierte” tampoco voy a saber si “desperté” a un sueño o a una realidad. Por tanto, si es sueño, ilusión, o realidad, da lo mismo: la experiencia es la misma.
Por tanto, no tengo excusas. Voy a aprovechar todo lo Artificial, incluída la experiencia, para actuar. Sí, actuar. Eso que, hoy en día, todos tememos. Todos tenemos “paja”, “fiaca”, vagancia. Todos tememos actuar. ¿Para qué? Pero también, es esta “fiaca” (a partir de ahora utilizaré este Artificio) la que nos impulsa u obliga a hacer otras cosas que garanticen la preservación de la energía y/o del tiempo (porque “fiaca” es “miedo de perder energía y/o tiempo”). Y estas otras cosas a veces requieren más energía y/o tiempo para ser llevadas a cabo, paradójicamente. Al fin y al cabo, una pérdida de energía y/o tiempo. El temor sólo nos hace perder energía y/o tiempo.
Vamos a moldear un poco esto… vamos a hacerlo un poco más artificial. El temor, la fiaca, nos hace perder energía cuando no aceptamos que toda energía se pierde (no hablo más de tiempo porque espero que mis lectores lo sobreentiendan, me da “fiaca” escribir ambas palabras). Al contrario que con la física y la química. Pero se pierde en tanto no la puedo volver a utilizar. Es como en Momo[1], la genial novela de Michael Ende. En ella, unos hombres grises y pequeños que están vestidos de gris y fuman cigarros grises. Dichos hombrecitos grises hablan del tiempo como si fuera dinero.
No hay que malgastar el tiempo: ¡usted tiene una reserva de mil millones de millones [et cétera] de segundos hasta el momento de su muerte! Debe ahorrar. Deje de hablar con los clientes de cómo les fue en el día. Si así procede, entonces se ahorrará –calculadora de por medio- unos quinientos millones de millones [ídem] de segundos. ¿No le parece que está perdiendo el tiempo?
, podría decirnos uno de estos amargos hombrecitos.
Así, dejamos de jugar con nuestros hijos, y les damos juguetes para que jueguen solos; así, en vez de sentarnos a la mesa y disfrutar de una agradable cena con el resto de la familia, y la acostumbrada sobremesa, nos vamos a comer a un restaurante de comida rápida. Oh, claro, pero al final, nunca nos alcanza el tiempo. El tiempo es dinero, y nunca hay suficiente dinero: por lo tanto, nunca hay suficiente tiempo. ¿Por qué? Si se supone que estoy ahorrando…
Ah, cierto, si el tiempo es dinero, entonces debe haber un banco de tiempo. El bando de los hombrecitos grises. De hecho, luego de lo que nos podrían haber dicho antes, nos pedirían que abriéramos una cuenta en su banco.
El tiempo ahorrado va a parar allí. Una hora es una flor (bonita metáfora, por cierto): es bella, y única a la vez que igual a todas las demás. Sirven para muchas cosas: cada sentimiento o recuerdo que puede llegar a generar una flor es una forma de pasar esa hora. Así, el banco es un banco de flores horarias. Éstas deben conservarse en frío (el tiempo ha de estar congelado), porque cuando dejan de estar congeladas, se marchitan y deshojan. Con una hoja de una flor horaria, los hombrecitos grises se hacen sus cigarros, que les permiten existir. Cuando dejan de fumar, es esfuman en la nada (valla juego de palabras).
Oh, perdonen, me olvidé de aclarar algo: los humanos tenemos tiempo porque el Padre Tiempo nos da flores horarias, que crecen en su jardín. El puede cortar el flujo, y el tiempo de los hombres se esfumaría. Entonces, lo hombres grises habrán de consumir hasta la última flor de su banco, y luego morir. Pero, ¿quién, entonces, regresaría el tiempo a la humanidad? El Padre Tiempo también se quedaría sin tiempo, por lo tanto, no podría hacerlo fluir el tiempo de nuevo, porque él mismo no tiene tiempo. Por eso el Padre Tiempo ha de entregar una flor horaria, es decir, una mísera hora, a una persona capaz de, en ese tiempo, abrir la bóveda del banco de los hombres grises. Porque la bóveda sirve para congelar el tiempo, es decir, las flores horarias. Si se descongelan, irán a donde debieron ir en un principio: a la humanidad. Así que esta persona debería evitar ser capturada por los hombrecitos y abrir la bóveda, que sólo puede abrirse si se la toca con una flor horaria, ya que si el tiempo no corre, el movimiento no es posible. Los hombres grises no podrán cerrarla porque su tiempo (sus cigarros) está corrupto.
Una gran metáfora para dar a entender hasta qué punto el humano teme perder el tiempo.
Como decía, esa energía y ese tiempo no los puedo volver a utilizar, porque se transformaron en otra cosa. Si quiero que no se transformen, debo depositarlas en el banco. Y así, sólo logro no poder acceder a ellos, y que otros los consuman en mi lugar. Sí, efectivamente, pierdo tiempo y energía, al querer resguardarlos, al querer acumularlos, al querer no perderlos.
Por lo tanto, el miedo a perder energía y/o tiempo, es decir, la fiaca, es lo que corrompe al ser humano. Que la humanidad quiera perder este “miedo” es mi mayor propósito. Y perder ésta fiaca es también aceptar que no existe más que lo que creo que existe, ni menos. Así es: la realidad es subjetiva, y mucho. La parte que todos consensuamos que existe es lo que podríamos llamar “realidad consensuada”. Eso es lo que estudia la ciencia: ese “paradigma” común. Eso es lo “normal”. Nada más ni nada menos. Es lo Artificial por excelencia.
Y… ¿lo Natural? Habíamos quedado en que no podemos comprenderlo, porque si hiciéramos eso, estaríamos artificializándolo. Nosotros somos Naturales de por sí, y también Artificiales en tanto nos consideramos Naturales, en tanto nos consideramos existentes, y en tanto nos pensamos. Puede que Dios exista más allá de si yo creo que exista o no, en cuyo caso es tanto Natural como Artificial. Pero jamás lo sabré, porque lo Natural escapa a mi comprensión. Por lo tanto, no importa. No me importa si Dios existe o no; yo voy a actuar en base a los Artificios a los que llamo “valores”. Punto.



[1] Ende, M (2003). Momo. Ediciones Alfaguara, Buenos Aires. Link: http://es.wikipedia.org/wiki/Momo_(novela)

jueves, 28 de julio de 2011

Integridad y exigenicas

¿Qué demonios es la integridad?
¿Será acaso el estar completos?
¿Será acaso el no tener excedentes?

Más que una definición, prefiero hacer (vaya, qué raro es esto en mí, xD) una acotación. En la entrada anterior, valiéndome de una autocompasión que creía "poética", expuse en palabras casi denigrantes (de seguro patéticas) mi desesperación. La verdad es que me gusta desesperar, sentirme un poeta.

Pero: ¿lo soy?

Más que publicar un nuevo poema, esto pretende ser una autoreflexión crítica. Si, como Julián lo hizo en la entrada anterior, encuentra algún elemento que se salga de la "crítica", por favor, háganmelo saber. Y, aún mejor, si pueden darme vuelta la cabeza, estaré encantado de discutir con vosotros.

Veamos. Una vez, alguien me preguntó como es mi chica ideal.
Yo le dije que dependía de 3 aspectos, a saber:
  • Físico
  • Mental
  • Social
Podría agregar un cuarto: Espiritual. Pero la verdad, como están las cosas, prefiero incluirlo en mental.
Entonces, seguimos:
  • Una chica ideal debe ser delgada, no demasiado, y no molesta una pequeña pancita sexy.
  • ¿Debería tener unos muslos bien formados? La verdad, en cuanto a lo que me gusta o no al respecto, no puedo ser muy específico; pero debe tener un culo (y, por extensión, piernas) que me guste(n).
  • De preferencia, debe ser pequeña; pequeña de estatura o de complexión. Esto descarta de por sí a las grandes tetas que bailan de un lado para otro con el caminar: no digo que no me gusten, pero no son lo que quiero, son lo que me hacen creeer que deseo. Ver en revistas un par de buenas tetas unidas a unos cuerpos pequeños y sexys me atrae, pero más por que debe hacerlo que porque lo deseo. No se si me explico, pero una cosa es "me la quiero re coger", y otra muy distinta "me encantaría abrazarte". Espero esta analogía aclare lo anterior. Se que hay casos con grandes senos y un cuerpo de complexión pequeña, y me gustó mucho cuando lo vi, pero no es para mí. Ni siquiera puedo aspirar a eso, xD .
  • Me gustan las curvas del perfil. Cómo la espalda continúa en el culo (¿alguna forma educada de decirlo, y que no suene tan mal como trasero?), esa "S" que hace, me atrae. Normalmente, esto implica todo lo anterior. No siempre. Las mujeres de revistas pornográficas son la clara excepción, y no las deseo en lo absoluto -más que para una o dos noches (xD).
  • Me gustan aquellas mujeres que presentan una piel pálida. No sé que tanto me importarían las pecas, por ejemplo, pero sé que no me siento atraído especialmente por las mujeres de piel morena.
  • Una sonrisa encantadora me mata... y unos ojos reveladores y penetrantes son un requisito excluyente, o casi.
  • La voz... basta con que no me desagrade. Pero, por ejemplo, Paloma tiene una voz preciosa, y eso es una de las muchas cosas que me gustan de ella.
Mentalmente:
  • Debe tener buen humor (y hacerme saber cuándo callarme, xD).
  • Debe ser inteligente, y de mente abierta (pero no demasiado, que debe tener sus defectos, también, :D).
  • Debe tener un pequeño complejo de inferioridad (así puedo consolarla y decirle lo buena y genial que es, xD).
  • Debe ser creativa, o con impulsos creativos espontáneos, cuando menos.
Seguro hay otros, pero no los recuerdo específicamente.

Socialmente:
  • Tiene que aprender a escucharme y consolarme y/o putearme, de ser necesario. A veces, necesito ambas cosas para continuar.
  • Debe ser proclive a esporádicas depresiones, no grosas, sino leves. Cuando digo esporádicas, quiero decir pocas, no aleatorias (casi casi que pido que sean oportunas).
  • Debe ser juguetona y seductora. Aún no sé cómo me afectarían los celos, pero por las dudas, que sólo me seduzca a mí ¬¬ . xD .
En resumen:
  • Quiero que sean frágiles. En general, pero no exclusivamente.

Bien, como habrán notado, exijo más del físico de una chica que de sus aptitudes inherentes (mentales y sociales). Pero éstas aptitudes inherentes son complejas y difíciles de encontrar juntas.

Además, sé que soy exigente. Hasta ahora, de las tres chicas que cumplían con estos parámetros (a saber, Amira Aón, Paloma Lindembaum, y Belén Prado), ninguna dio en quererme. ¿Será que pido más que lo que puedo dar? Definitivamente eso es cierto, pero no sé hasta qué punto es fundamental. Por empezar, mi atractivo físico es casi nulo. Éste no se basa tanto en el cuerpo (que, según creo, mi cara no está taaaaaaaaaaaan mal) como en las actitudes corporales.
  • Yo me muevo con brusquedad y torpeza.
  • No soy prolijo, ni a la hora de vestirme ni a la hora de afeitarme y demás.
  • A veces mis eructos y gases son lo de menos. Porque ahora ya puedo controlarlos al máximo (antes no tenía interés en hacer tal cosa, y luego, cuando sí lo tenía, me costaba hacerlo). Me meto los dedos en los oídos para sacarme la cera o simplemente rascármelos, me toco mucho la nariz (aunque casi nunca las fosas nasales, más bien por fuera), me acomodo los calzoncillos bastante seguido...
  • Y, no creo que por último, mis rollos (que sí, que tengo rollos, no me vengan que que soy flaco) me terminan por figurar como "el chico con el que no saldría jamás, pero que puedo tener de amigo". Siempre me pregunto si tengo buen aliento, y temo que la gente no me suele responder a esta pregunta, sea explícita o implícita. Mi sonrisa a veces me avergüenza (hay, cómo me gusta la diéresis), otras me da miedo; pero creo que con el pelo corto como ahora lo tengo, va bien... espero (¡GULP!)
Por otro lado, tengo una pequeña (o grande, aún no lo sé) obsesión compulsiva. No está precisamente enfocada, pero sí es molesta, a veces (o casi siempre). Corrijo a la gente todo el tiempo si se equivoca (aunque acepto cuando alguien me corrige un error a mí, aunque me lo diga de mala manera), me enojo con facilidad, o más bien, elevo el tono de voz con facilidad, lo que suele dar la falsa impresión de que me enojo. Soy muy, pero muy fetichista (no tanto sexualmente, más bien, en general: quiero rojo y rojo debe ser, otra cosa no acepto; y si ese rojo funcionó bien, no me vengas con el azul, que no es necesario si con el rojo está todo bien). Actúo como un idiota siempre que estoy hablando de algo (o con alguien) con lo que (o con quién) me siento incómodo (por ejemplo, con las chicas que me gustan). Soy bastante generalizador, y critico a los que generalizan. Siempre trato de discutir (aunque no considero eso como un defecto, en muchas situaciones eso caga una relación, o, al menos, una situación).

En fin. Estoy dispuesto a darlo todo... una vez que empiece la cosa. Nunca me animo a dar el primer paso, o por lo menos, no a tiempo. Igual, como hablé con Juli (perdón por todas esas horas que tuviste que aguantar mi auto-compasión y mi auto-condescendencia), debería ir empezando a invitar más a las chicas. Invitarlas a comer, a caminar, al Parque Rivadavia, a cualquier lado. Y tratar de no ponerme como idiota. Y que salga algo de ahí... una amiga, una confidente, o tal vez incluso ¡una amante! (que es de lo que vengo hablando).

Entonces, cuando hablo de integridad, estoy siendo en primera instancia hipócrita. Porque alguien íntegro es aquel que sabe lo que quiere y no se preocupa por ello.

Entiéndase "preocupa" como yo lo hago: "ocuparse antes de tiempo". No es que no le importe, es que, cuando llega el momento, hace lo que debe hacer para lograr lo que quiere, pero no necesita de planes, fantasìas, ni conjeturas. Lo que tampoco implica que no las tenga. Si las tiene, es un artista íntegro.

Así que, bien, he aquí mi dilema. Y, ¡oh!, musas, me han hecho pensa que, tal vez, con todos los aspectos de mi vida sea así. Por eso nunca empiezo lo que termino; por eso mi otro blog, Kantare u Lerkio, no tiene nada publicado desde hace dos meses.

¿Llegaron hasta aquí? Pues entonces, ¡ustedes sí que me quieren! =D